Enfermedades de verano
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Enfermedades de verano
Insolaciones, quemaduras, picaduras y problemas gastrointestinales son algunas de las afecciones más comunes del verano, y hay que estar preparados para hacerles frente, ¿sabes cómo?
Quemaduras solares:
Una exposición prolongada al sol puede traer como consecuencia dolorosas quemaduras, ampollas, escalofríos e incluso fiebre. Aplícate siempre una crema protectora antes de salir a la calle y evita las horas de mayor incidencia solar (entre las 12 y las 4 de la tarde). Si las quemaduras son graves, aplica compresas de agua fría, limpia las heridas con un antiséptico (si es necesario, aplícalo en crema) y no pinches las ampollas.
Hongos:
La humedad es perfecta para la proliferación de los hongos, por eso en zonas con agua es importante llevar siempre el calzado adecuado, lavar y secar los pies bien a diario, y utilizar calcetines y calzado transpirables. Si ya los tienes, mantén la piel seca y trata la zona afectada con un medicamento antifúngico y trata de mantenerla al aire libre.
Corte de digestión:
Los cortes de digestión son muy comunes en verano, sobre todo entre los niños, y pueden producir dolor abdominal, nauseas, vómitos, pérdida del conocimiento, alteración del ritmo cardiaco e incluso riesgo de ahogamiento. Para prevenirlos, no te bañes hasta dos horas después de comer y evita ambientes fríos o corrientes durante la siesta y las bebidas muy frías. Si alguien sufre un corte de digestión, avisa a los servicios de urgencias, saca a la persona del agua lo más rápido posible y túmbala boca arriba con el mentón elevado.
Insolación:
Los golpes de calor y las insolaciones ocurren cuando, tras mucho tiempo bajo el sol o a altas temperaturas, el cuerpo no puede mantenerse a una temperatura baja. Sus síntomas son sensación de debilidad, dolor de cabeza, mareo, debilidad muscular o calambres, náuseas y vómitos e incremento del ritmo cardíaco. Si sufres un golpe de calor, ve a un lugar fresco y toma agua y otros líquidos sin alcohol. Si deriva en insolación, puedes sentir confusión y tener fiebre alta, y debes recibir tratamiento médico.
Picaduras de insectos:
Las picaduras de mosquitos son las más comunes durante el verano, y es fácil prevenirlas con algún repelente y tratarlas con pomada siempre que no se padezca ningún tipo de alergia. Si la reacción a una picadura pasa de ser local a generalizada, puede ocasionar el llamado shock anafiláctico. Sus síntomas son muy variables, aparecen en los primeros 15 minutos y suelen incluir desde una urticaria generalizada (ronchas), a un angioedema (inflamación de la cara y cuello afectando a las vías respiratorias), que puede producir dificultad para respirar. En estos casos es importante recibir asistencia médica.
Gastroenteritis:
Las intoxicaciones alimenticias ocurren con frecuencia en verano, pueden producir dolor abdominal, náuseas, dolor de cabeza, vómitos, diarrea y fiebre, y en niños y ancianos puede tener consecuencias fatales por la deshidratación que ocasiona. Toma solo alimentos cocinados y bebidas embotelladas, y lávate las manos con frecuencia. Si aún así sufres una intoxicación, toma mucha agua y algún suero reconstituyente, consume sólo alimentos líquidos, trata el dolor de cabeza y la fiebre con analgésicos, y acude a un centro de salud si los síntomas persisten o se agravan.
Jet lag:
El jet lag es una descompensación horaria que se produce al realizar viajes que cubren varias franjas horarias, y puede producir fatiga, cansancio general, problemas digestivos (vómitos y diarreas), confusión en la toma de decisiones o al hablar, falta de memoria, irritabilidad y apatía. Para evitarlo, duerme durante el viaje, bebe mucha agua, come poca cantidad en muchas tomas, evita las bebidas alcohólicas y usa gafas de sol. A tu llegada, date tiempo para adaptarte al nuevo horario y trata de seguir una rutina alimenticia y de sueño.
Catarro:
El uso de aire acondicionado, la sequedad o contaminación del ambiente y los cambios bruscos de temperatura pueden derivar en un catarro estival. Aunque no suelen revestir gravedad y pueden tratarse con algún analgésico como el paracetamol, en personas con pocas defensas pueden derivar en bronquitis, asma e incluso neumonía.
Otitis:
Los baños en la piscina o el mar pueden dar lugar a una otitis, una infección por hongos o bacterias en el oído que se produce sobre todo en los niños. Sus síntomas son dolor en el oído dolor al masticar, falta de audición y secreción de líquido. Puede tratarse con gotas pero, si es muy grave, hay que consultar a un especialista.
Conjuntivitis:
Los síntomas más frecuentes de una conjuntivitis son ojos rojos, lagrimeo, escozor, fotofobia y secreción mucosa. Protege tus ojos con gafas de sol para prevenirla, y si la padeces lávalos frecuentemente con agua o suero fisiológico. Si no mejoran hay que acudir al médico para valorar si hay que iniciar un tratamiento con colirio o pomadas.
Picaduras de medusas:
La picadura de una medusa suele ser muy molesta, y a veces produce incluso mareos, vómitos y calambres. Si sufres el ataque de una medusa, baña el agua afectada con agua de mar, retira los tentáculos que hayan podido quedar pegados a la piel y aplica vinagre o hielo y una crema antihistamínica. Si la picadura es muy grave o extensa, un médico tendrá que valorar si es necesario vacunar contra el tétanos.
Deshidratación:
La deshidratación es la pérdida excesiva de agua y sales minerales, y puede producir sequedad de las mucosas, náuseas, falta de fuerza o disminución del rendimiento, fatiga, dolor de cabeza, nieve visual, disminución de la presión sanguínea, vértigo y desvanecimiento. Si no se trata puede causar delirios, inconsciencia y en casos extremos la muerte. Para prevenirla y tratarla hay que beber mucho líquido, sobre todo bebidas azucaradas e isotónicas.

Quemaduras solares:
Una exposición prolongada al sol puede traer como consecuencia dolorosas quemaduras, ampollas, escalofríos e incluso fiebre. Aplícate siempre una crema protectora antes de salir a la calle y evita las horas de mayor incidencia solar (entre las 12 y las 4 de la tarde). Si las quemaduras son graves, aplica compresas de agua fría, limpia las heridas con un antiséptico (si es necesario, aplícalo en crema) y no pinches las ampollas.
Hongos:
La humedad es perfecta para la proliferación de los hongos, por eso en zonas con agua es importante llevar siempre el calzado adecuado, lavar y secar los pies bien a diario, y utilizar calcetines y calzado transpirables. Si ya los tienes, mantén la piel seca y trata la zona afectada con un medicamento antifúngico y trata de mantenerla al aire libre.
Corte de digestión:
Los cortes de digestión son muy comunes en verano, sobre todo entre los niños, y pueden producir dolor abdominal, nauseas, vómitos, pérdida del conocimiento, alteración del ritmo cardiaco e incluso riesgo de ahogamiento. Para prevenirlos, no te bañes hasta dos horas después de comer y evita ambientes fríos o corrientes durante la siesta y las bebidas muy frías. Si alguien sufre un corte de digestión, avisa a los servicios de urgencias, saca a la persona del agua lo más rápido posible y túmbala boca arriba con el mentón elevado.
Insolación:
Los golpes de calor y las insolaciones ocurren cuando, tras mucho tiempo bajo el sol o a altas temperaturas, el cuerpo no puede mantenerse a una temperatura baja. Sus síntomas son sensación de debilidad, dolor de cabeza, mareo, debilidad muscular o calambres, náuseas y vómitos e incremento del ritmo cardíaco. Si sufres un golpe de calor, ve a un lugar fresco y toma agua y otros líquidos sin alcohol. Si deriva en insolación, puedes sentir confusión y tener fiebre alta, y debes recibir tratamiento médico.
Picaduras de insectos:
Las picaduras de mosquitos son las más comunes durante el verano, y es fácil prevenirlas con algún repelente y tratarlas con pomada siempre que no se padezca ningún tipo de alergia. Si la reacción a una picadura pasa de ser local a generalizada, puede ocasionar el llamado shock anafiláctico. Sus síntomas son muy variables, aparecen en los primeros 15 minutos y suelen incluir desde una urticaria generalizada (ronchas), a un angioedema (inflamación de la cara y cuello afectando a las vías respiratorias), que puede producir dificultad para respirar. En estos casos es importante recibir asistencia médica.
Gastroenteritis:
Las intoxicaciones alimenticias ocurren con frecuencia en verano, pueden producir dolor abdominal, náuseas, dolor de cabeza, vómitos, diarrea y fiebre, y en niños y ancianos puede tener consecuencias fatales por la deshidratación que ocasiona. Toma solo alimentos cocinados y bebidas embotelladas, y lávate las manos con frecuencia. Si aún así sufres una intoxicación, toma mucha agua y algún suero reconstituyente, consume sólo alimentos líquidos, trata el dolor de cabeza y la fiebre con analgésicos, y acude a un centro de salud si los síntomas persisten o se agravan.
Jet lag:
El jet lag es una descompensación horaria que se produce al realizar viajes que cubren varias franjas horarias, y puede producir fatiga, cansancio general, problemas digestivos (vómitos y diarreas), confusión en la toma de decisiones o al hablar, falta de memoria, irritabilidad y apatía. Para evitarlo, duerme durante el viaje, bebe mucha agua, come poca cantidad en muchas tomas, evita las bebidas alcohólicas y usa gafas de sol. A tu llegada, date tiempo para adaptarte al nuevo horario y trata de seguir una rutina alimenticia y de sueño.
Catarro:
El uso de aire acondicionado, la sequedad o contaminación del ambiente y los cambios bruscos de temperatura pueden derivar en un catarro estival. Aunque no suelen revestir gravedad y pueden tratarse con algún analgésico como el paracetamol, en personas con pocas defensas pueden derivar en bronquitis, asma e incluso neumonía.
Otitis:
Los baños en la piscina o el mar pueden dar lugar a una otitis, una infección por hongos o bacterias en el oído que se produce sobre todo en los niños. Sus síntomas son dolor en el oído dolor al masticar, falta de audición y secreción de líquido. Puede tratarse con gotas pero, si es muy grave, hay que consultar a un especialista.
Conjuntivitis:
Los síntomas más frecuentes de una conjuntivitis son ojos rojos, lagrimeo, escozor, fotofobia y secreción mucosa. Protege tus ojos con gafas de sol para prevenirla, y si la padeces lávalos frecuentemente con agua o suero fisiológico. Si no mejoran hay que acudir al médico para valorar si hay que iniciar un tratamiento con colirio o pomadas.
Picaduras de medusas:
La picadura de una medusa suele ser muy molesta, y a veces produce incluso mareos, vómitos y calambres. Si sufres el ataque de una medusa, baña el agua afectada con agua de mar, retira los tentáculos que hayan podido quedar pegados a la piel y aplica vinagre o hielo y una crema antihistamínica. Si la picadura es muy grave o extensa, un médico tendrá que valorar si es necesario vacunar contra el tétanos.
Deshidratación:
La deshidratación es la pérdida excesiva de agua y sales minerales, y puede producir sequedad de las mucosas, náuseas, falta de fuerza o disminución del rendimiento, fatiga, dolor de cabeza, nieve visual, disminución de la presión sanguínea, vértigo y desvanecimiento. Si no se trata puede causar delirios, inconsciencia y en casos extremos la muerte. Para prevenirla y tratarla hay que beber mucho líquido, sobre todo bebidas azucaradas e isotónicas.


Elessar Elendil- Amigo íntimo de Chuck Norris

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